¿Por qué escalada sostenible?

La escalada es una actividad en auge en La Comarca de La Ribagorza, donde la existencia de gran cantidad de paredes rocosas aptas para su práctica, atraen cada vez a un mayor número de visitantes. Paralelamente se están incrementando las áreas naturales donde se escala debido a la apertura continuada de nuevas vías. Sin embargo, esta actividad puede tener diferentes efectos negativos sobre el medio donde se practica, estando las aves rapaces que nidifican en cortados rocosos entre las especies más sensibles. Algunas de estas especies, como el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), se encuentran gravemente amenazadas, tanto a nivel estatal como europeo. Pretendemos fomentar dicha actividad pero de un modo respetuoso con el medio ambiente, de tal manera que se convierta en un recurso aprovechable a largo plazo y de forma sostenible.

Escalada sostenible en la Ribagorza

Toda actividad que se lleva a cabo en un medio natural va acompañada de una alteración de dicho medio. En el caso de la escalada el tipo de alteraciones que pueden afectar de manera negativa al medio natural pueden resumirse en: indirectas: basuras, tráfico de vehículos, erosión de caminos, y directas relacionadas con la mera presencia de los escaladores y que podemos dividir en sonoras: ruido de voces, visuales: los escaladores son detectados por las aves lo que puede provocar su huida, de contacto: impacto sobre la flora rupícola que en ocasiones puede ser endémica o estar amenazada (Martinell et al. 2011, Camp y Knight, 1998a), y molestias que pueden ocasionar las vías que pasen muy cerca de nidos de aves o refugios de otros animales (Attarian y Keith, 2008).

Existen sobradas evidencias científicas que demuestran que las molestias humanas son una de las causas principales que pueden determinar la disminución o incluso el fracaso reproductor en determinadas aves, afectando aspectos del ciclo reproductor tales como el tiempo de incubación, el tiempo de ceba, el tiempo en el nido, el éxito reproductor y el de obtención de alimento (Martínez-Abraín et al. 2010, Steven et al., 2011). A su vez, los lugares de nidificación pueden verse afectados sólo durante una temporada reproductora (abandono del nido y reocupación de éste durante la siguiente estación) o a lo largo de varias temporadas e incluso de forma permanente (Martínez-Abraín et al. 2008).

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En el caso de la escalada hay diversas referencias en la literatura científica, como el trabajo de Bambrilla et al. (2004), dónde se describe una disminución significativa del éxito reproductor en halcones peregrinos (Falco peregrinus) en una zona con presencia de escaladores, en relación a áreas libres de escalada, o el estudio de Lambertucci y Speziale (2009) quienes detectaron un caso de abandono de nido de condor andino (Vultur gryphus) debido a la presencia de escaladores en la zona próxima al nido. Uno de los trabajos más detallados (Camp & Knight 1998b) al respecto describe una menor diversidad de aves en los cortados con presencia continuada de escaladores que en cortados de similares características sin presencia de éstos. Además, en los cortados donde no se escalaba las aves podían verse a menor distancia y era más fácil detectarlas posadas. En España diversos estudios han puesto de manifiesto que la escalada afecta negativamente la reproducción de alimoches (Zuberogoitia et al 2008) y quebrantahuesos (Margalida et al 2003).

Las especies más sensibles a estas molestias son las aves rapaces, siendo el periodo crítico el de incubación y primeras semanas de vida de los pollos. La presencia humana puede provocar la destrucción de la puesta o de los pollos pequeños directamente por pisoteo de los padres (Llopis, 2013), o el abandono total o temporal de los nidos, de los huevos o incluso de los pollos volantones (Richardson y Miller, 1997), aun cuando sea de modo temporal. Puede provocar el sobrecalentamiento o enfriamiento de los huevos, su deshidratación, predación (Camp & Knight 1998b), o la pérdida de cebas imprescindibles para el buen crecimiento de los pollos (Suter y Joness, 1981). Las consecuencias de dichos efectos son además especialmente relevantes en este tipo de especies de larga vida, debido al carácter reducido y en ocasiones altamente amenazado de sus poblaciones y debido a sus estrategias de vida conservadoras (empiezan a reproducirse cuando tienen unos 5 años y ponen pocos huevos, 1 ó 2 al año). De este modo, la pérdida de una puesta o de territorios de cría puede tener consecuencias muy significativas en el conjunto de la población (Newton, 1979).

A pesar de lo mencionado anteriormente, es posible sin embargo y mediante el establecimiento de medidas adecuadas de gestión y de educación o sensibilización, alcanzar una convivencia equilibrada y perfectamente compatible entre el uso del medio, la práctica de los deportes de aventura, y la conservación de las especies silvestres. Una adecuada información y sensibilización permitirán que se comprenda la necesidad de gestionar correctamente ambas cosas, patrimonio natural y deporte, en una zona deprimida (económicamente hablando) pero muy rica en roquedos y especies amenazadas, y contribuir al desarrollo rural del territorio pero sin comprometer su futuro y el de otras actividades dentro del turismo de naturaleza, que dependen de un medio ambiente bien conservado.

El establecimiento de áreas de exclusión, o buffers, espaciales y temporales, es decir, áreas y periodos del año más allá de los cuales se puede asumir que la presencia humana perturba mínimamente a la fauna, constituyen una herramienta muy útil para disminuir o evitar dichas afecciones en periodos de extrema sensibilidad, como la época de cría (Holmes et al., 1993, Davies y Lane 1995, Richardson y Miller, 1997, Blumstein, 2003, Carrete y Donázar, 2005, Ruddock y Whitfield, 2007, González et al., 2006, Attarian y Keith, 2008, Zuberogoitia et al., 2014, Cano-Alonso y Tellería, 2013).

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPara que los buffers sean efectivos su extensión espacial y temporal debe ser específica para cada especie, y estar basados en datos publicados de estudios que determinen la distancia en la que las molestias provocan alguna reacción negativa en las aves (Richardson y Miller, 1997, Currie y Elliott, 1997, Blumstein et al., 2003, Ruddock y Whitfield, 2007, Arroyo y Razin, 2006, González et al., 2006, Fernández-Juricic, et al., 2001, Blumstein y Fernández-Juricic, 2010), o en el caso de no contar con datos previos, en la opinión de los expertos (González et al., 2006, Ruddock y Whitfield, 2007 y Whitfield et al., 2008), así como en la ecología, la fenología reproductora y el estado de conservación de la especie (Richardson y Miller, 1997, Ruddock y Whitfield, 2007, Zuberogoitia, 2008, Weston et al., 2012).

Los buffers temporales deben abarcar todas las fases de la reproducción y extenderse, por lo menos, desde la llegada de las aves adultas a la zona de anidación, hasta las primeras semanas de desarrollo del pollo (Fyfe y Olendorff, 1976, Suter y Joness, 1981, Grier et al., 1983, White y Thurow, 1985).

No obstante, las perturbaciones frecuentes fuera del periodo reproductor en aves territoriales, que permanecen todo el año en las áreas de nidificación, pueden aumentar la probabilidad de cambio de territorio o de nido (White y Thurow, 1985), al igual que durante la época de pre-puesta (Zuberogoitia et al., 2008).

Los periodos más críticos para que fracase la reproducción son, en general, los de incubación y primeras semanas después de la eclosión, debido a que el abandono temporal del nido por parte de los padres, los priva de protección frente a las condiciones meteorológicas adversas y los depredadores (Cali, 1979, Suter y Joness, 1981, Camp y Knight, 1998b, Bertran y Margalida, 2004).

Durante la segunda parte del crecimiento de los pollos, éstos ya no son tan sensibles a los cambios de temperatura, su capacidad de termorregulación se ha desarrollado, y además se pueden mover en el nido buscando las zonas más óptimas. Por otro lado, debido a su mayor tamaño, tampoco son tan indefensos frente a los depredadores. Sin embargo, en esta fase su demanda de alimentación aumenta, y las molestias que provocan el abandono prolongado de los nidos, podrían retrasar la alimentación, comprometiendo el buen desarrollo de los pollos, e incluso produciendo su muerte, tal como se ha comprobado con el alimoche (Zuberogoitia et al., 2008).

La información, educación y sensibilización ambiental es extraordinariamente importante para que se comprenda, se acepte y se respete cualquier tipo de medida restrictiva.

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